martes, 1 de agosto de 2017

El día de la independencia de Richard Ford. Opinión y Crítica

No comprendo esa manía general que dice que Frank Bascombe representa un retrato del modo de vida americano. No veo nada distinto en Haddam de lo que pueda suceder en Madrid o en Modoñedo. Cuando empiezas a leer El dia de la independencia de Richard Ford te viene inmediatamente a la cabeza el inquietante inicio de la Divina comedia de Dante Nel mezzo del cammin di nostra vita mi ritrovai per una selva oscura ché la diritta via era smarrita.(A mitad del camino de la vida, yo me encontraba en una selva oscura, con la senda derecha ya perdida).Y de eso va el libro, de cuando Frank Bascombe con cuarenta y pico ve a un lado el camino recorrido, el camino de la existencia oscura y en el otro el reto de empezar su vida con los restos que quedan de sus sueños en un baño cruel de inmersión en la realidad.

Si os digo que El día de la independencia son solo cuatro días y nada menos que 600 páginas de la vida de un vendedor de casas este libro no se lo lee nadie. Si digo que es la continuidad de El periodista deportivo y el precedente de Acción de Gracias tampoco creo que gane muchos lectores más. Pero aun así creedme leéroslo. Aunque sigue siendo cierto que de eso va el libro.

En El periodista deportivo Frank me pareció un cretino insensible e insoportable, aquí sin embargo me he metido e identificado en el personaje totalmente lo que significa no tanto que Bascombe haya mejorado sino que, lo que es más lamentable, el que ha empeorado he sido yo. Como dicen algunos medicamentos se recomienda no leerlo en periodos carenciales premenopáusicos (masculinos o femeninos) o quizá sí, porque está bien que en lagunas ocasiones nos peguen un balonazo en la cara que nos salten todos los dientes para espabilarnos y centrarnos en quienes somos y donde estamos. Seguimos pensando en la vida como el juego en el que vamos logrando nuestros objetivos sin darnos cuenta de que “el modo como se nos escapan nuestras vidas es nuestra vida” (Pág. 13).

Hay que tener paciencia, mucha paciencia para leer a Ford. Cada movimiento representa cinco páginas de introspección. En muchos casos el marco es el que define el cuadro, pero ese marco, ese entorno está tan minuciosamente dibujado que requiere de una lectura pausada para que no nos perdamos nada y podamos ponernos en el lugar de Bascombe.

Ford nos dibuja una alegoría de la vida representada en la compra y venta de pisos, Ford nos enfrenta a la paternidad en carne viva, al recuerdo de los días esperanzados de los treinta y pico reconvertidos en la cotidianeidad de los cuarenta. En la dificultad de entendernos los unos a los otros cuando en una relación de pareja la mochila de las palabras ya dichas, pesa lo suficiente como para poder (o creer) intuir las palabras futuras. Nos describe la vida en pareja en el momento en el que follar es más bien la escusa para hablarnos. Hay veces que a Bascombe no se le entiende, pero creo que es porque tampoco se entiende él y nos quiere transmitir esa extrañeza de si mismo.

Los libros de Richard Ford están escritos para releerlos, para subrayarlos. No en una primera lectura donde nos vamos dejando llevar por sus pensamientos y su manera de ver el mundo que le rodea. Los libros de Ford requieren el reposo de esos lugares que vistamos una vez y a los que queremos regresar pasados los años para saborearlos lentamente de nuevo. Ahora mismo empezaría a leerme Acción Gracias el tercero de la trilogía, pero creo que no debe ser. Cuando leo estos libros me acuerdo de las pelis de Antes del amanecer y su secuelas y la extrañeza de leerlos fuera de edad así que refrenare mi instinto a la lectura compulsiva de un autor cuando me gusta.

El día de la independencia es un libro de cuarentismo y vista atrás. Bascombe ya no es el escritor que escribe para poder recordar cuando sea mayor cómo se siente (como hacia en el Periodista deportivo); ahora Bascombe escribe para poder olvidar. Lo que está en el papel ya no tiene que tenerlo presente, ya lo puede quitar de su disco duro, porque escrito está..Si El periodista deportivo era una reflexión sobre la intrascendencia reflejada en una profesión (la noticia deportiva de hoy ya no lo es mañana); en El día de la independencia es lo contrario ese momento de la vida cuando se quiere echar raíces, en teoría para siempre, representado en el oficio de agente inmobiliario, de la compra de la vivienda que nos verá jubilarnos.

Lo dicho leedlo, la traducción de Mariano Antolín Rato en Anagrama es sensacional, no sé si tanto por transcribir con exactitud de otro idioma (mi inglés no llega para valorar esto) como por lo bien escrito que está en español. A mi modo de ver mucho mejor que la del Periodista deportivo y por las diez páginas que me he leído del tercero, mil veces mejor que este.

Buen agosto compañeros!!

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