lunes, 29 de diciembre de 2014

Paisaje tras la guerra

Tras la guerra vinieron nuevos gobernantes, también nuevos tiranos, o sea los mismos. Mientras, indiferente, la abuela joven sentada en la solana agotaba la tarde. No quedó piedra sobre piedra, los muertos se arrumbaban en las cunetas y hacían desviar las miradas de la gente que volvía sin fuerzas ni futuro a las pocas casas que aún se tenían en pie.

En el caserón de los vencedores se oían gritos y bromas tontas que herían la noche y maleaban los recuerdos entre los del pueblo. La mujer del diputado, ahora convertido en Madrid en líder del partido, se mofaba sin decoro del alcalde muerto y antiguo amigo; mientras el cura apuraba la jarra de vino de consagrar y miraba de soslayo a la sobrinica rubia a la que se le subía su falda adolescente hasta más allá del pecado venial para solaz del mosén que solo sabía de pecados mortales.

Mientras, la abuela joven sentada en la silla de anea remendaba harapos, recosía sietes y en los entretiempos tejía bufandas con lanas de jergones gastados por amantes huidos a medio amor por culpa de la guerra y el rencor. Ella, sin decir palabra, veía con indiferencia como cambiaban los dirigentes de bando, los miraba con desprecio y con la pena desabrida que queda tras la desesperanza y la falta de un dios que ampare.

Se oía un viejo tango en la casa de la viuda del alcalde destronado Chorra le cantaba Gardel mientras la viuda lloraba traicionada por el diputado y su señora, más recomida por su humillación que por su pobreza recien estrenada. Nadie fue a darle el pésame recordando las fotos arrugadas que aún se guardaban del alcalde, su marido, con el joven diputado traidor prometiéndose entre los dos fidelidades eternas y satrapías conjuntas.

La abuela joven le había llevado de mañana un cazo de sopas humeante con coscurros de pan. Lo único que te pido es que no me des las gracias, le dijo. Para que me entiendas, mi generosidad es mi manera de abofetearte por tus tiempos pasados de altivez y vejaciones gratuitas. La ex alcaldesa viuda cogió el cazo, no le levantó la mirada.

La abuela joven regresó a su silla de anea a remendar miserias humanas y tejer bufandas que luego dejaba a las puertas del camposanto para quienes les hicieran falta. De vuelta saludó a la puta joven y rebosante de carnes, sabido es que a las guerras solo sobreviven bien: los ricos de siempre, las putas complacientes y los pobres que sean traidores a sus orígenes. Y la del pueblo, era puta pobre e hipócrita infiel a mil hombres y fiel a un solo bolsillo, o sea, el suyo. Le hizo también una mueca cariñosa a la niña tonta que se la devolvió cómplice enseñándole sus dientes cariados. La niña vivía en su delirio orate de sueños propios, indiferente al mundo, arropada por un gabán rasgado a modo de capa y creyéndose la princesa del turkistán. Como antes, como ya sería siempre.

Pasaron meses hasta que los habitantes aprendieron a vivir entre ascuas y rescoldos; entre deudas viejas y penas sin redimir. Una noche cuando ya parecía que el fuego lo había quemado todo, ardieron también los registros del ayuntamiento. Alguien quiso que se olvidaran para siempre paternidades apañadas, filiaciones putativas y libros que recordaran quien había sido cada uno antes de la guerra: los hijos se olvidaron de sus padres, las nueras de sus suegros, los diputados de sus esposas malfolladas y hasta la puta gorda se olvidó de repente de sus clientes enterrados. La niña tonta siguió pensando que era la princesa del turkistan y la abuela joven vio gastarse la tarde esperando a que su hombre bajara de las montañas para hacer una justicia pendiente y aplazada en la que siempre creyó.

Otoñaba día a día hasta aquella tarde, aquella tarde, años después, en la que una noticia corrió como la muerte por el pueblo: el diputado local había sido asesinado en Madrid, ya de ministro del medio rural, y que para más humillación de la tonta de su mujer se lo habían encontrado en casa de un chapero joven y travestido que lloraba desconsolado su muerte. Decían que sobre el muerto, el asesino solo había dejado como firma una bufanda de lana de jergón viejo teñida de un amor dejado a medias con fecha de regreso.

domingo, 14 de diciembre de 2014

El mural de Val Ortego en el Cementerio de Torrero

Ya sabéis, que de vez en cuando me gusta enseñaros espacios de belleza escondida de mi ciudad, esta ciudad que transcurre apoyada en el alfeizar viendo la gente pasar mientras su intimidad se arrebuja mar adentro agazapada tras los visillos. No son espacios ocultos, cerrados con mil llaves; aquí se vive más con las puertas abiertas y bastan tres golpes de aldaba para que,como en la casa de juana que cantaba Brassens  (y versionaba Carlos y Alicia), no sea necesario enseñar pata blanca para entrar.

Pero no es menos cierto, que en este desdén lindante con la desidia que nos caracteriza, olvidamos a menudo genialidades, que por ser públicas y estar a mano, parecieran carentes de merito y brillantez. Ya os hable en otro post: del Fumador de mi admirado Pepe Cerdá en Ibercaja, de las calles realistas de Monge o del mural de Gay en el Principal; también os he presentado a Isabel Guerra la monjita que pinta niños como si fueran suyos y en fin, hoy he descubierto uno más, que añado al elenco de maravillas que me engatusan y que me ha impactado con la fuerza de una bofetada de apabile tanto por la obra como por el lugar en donde está. Estoy hablando del mural de Val Ortego en la capilla 2 del cementerio de Torrero.

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No os puedo explicar muchas erudiciones porque no las sé, solo os cuento lo que me inspiran ese grupo de jóvenes mirando desde lo alto a la gente que estamos abajo. A todos aquellos que estamos a su vez, dando despedida a los que se van hacia arriba (o hacia  los márgenes).

El cuadro retrata la vida como un momento figurativo entre dos abstractos, un paréntesis de luz entre dos zonas de sombras y claroscuros, retrata a los lados, unos lugares indeterminados como los que nos anteceden y nos esperan en las orillas de esta vida.  La parte de luz se manifiesta para mi ladeada, con un desequilibrio hacia el nacimiento más que hacia la muerte, a la que los personajes miran de reojo.

El fondo aparece diluido, sin quitar protagonismo, mientras el telón de transparencias se abre a la escena. No podemos olvidar que no es un cuadro pegado sino encargado por el propio arquitecto, Fernando Bayo, para ese lugar. Y no sé si por azar o acierto, es por ello que la luz que se abre en lo alto hace también de arco de proscenio y pide sutilmente formar parte del retablo.

Me gusta también el cuadro de líneas que hacen los personajes. Un poco como las representaciones velazqueñas en donde las figuras conforman perspectivas y grupos distintos que retan al juego visual y de sentimientos del espectador. Una línea evidente que cruza en diagonal de arriba izquierda (persona de pie y de espaldas) hasta abajo a la derecha (los pies de la chica del sombrero); pero también una línea paralela de cabezas que se rompe con la figura del medio que está de espaldas. Veo también una equis que hace centro en el personaje cabizbajo y calvo que consuela o es consolado y como el grupo grande se descompone en pequeños subgrupos como si se tratara de formas distintas de sentir la pena.

“El cuadro es bonito, pero chico yo no sé si pega mucho aquí en plena capilla en un funeral” dijo mi santa madre, la Consuelo, como portavoz de lo que pensaban muchas personas mayores que miraban como avergonzadas el cuadro. Y es cierto que pueda dar esa sensación, con una carga fuerte de sensualidad, con sus cuerpos que enseñan una juventud bella y triste, con un dolor obsceno que apenas esconde su tristeza mientras se muestra hermosa y semidesnuda. Se sienten las lagrimas sin verse las caras ya que a penas se pueden apreciar sus rostros agazapados los unos en los otros.

A mi me trajo a la cabeza, El Jarama de Sanchez Ferlosio, Los ochenta son nuestros de Ana Diosdado y esa difícil relación entre la juventud y la muerte que se ven en los entierros de gente joven. Las caras preciosas rasgadas en lágrimas, trajes más de campo que de duelo, la mirada que se te escapa con admiración hacia las curvas hasta que te das cuenta del lugar en el que estás. La vida rota de manera inesperada sin tiempo todavía de adecuarse al luto.

Bueno disculpad el ataque de “intensismo pinturero” que me ha asaltado en esta madrugada de sábado. Más aun sabiendo tan poco como sé de pintura, pero el otro día fui a un funeral y me quedé absorto e impactado por la belleza del cuadro de Val Ortego. Me quedé pensando en todo lo que me inspiraba y me dije que tenía que escribir algo al respecto.

Como de costumbre no conozco de nada al pintor aunque sea de mi pueblo, debe ser que no me muevo por ambientes artísticos, pero bueno tened esto como apuntes de un espectador despistado e ignorante. Como dijo un amigo mío el otro día “soy de los que cuando le preguntan qué es el arte, contesta joderse de frio”.

Si queréis saber más, os dejo esta explicación que hacen autor y arquitecto de la obra en un video de youtube.

Os pongo también enlace a otras de obras del pintor y a estas otras (vi un blog con unos cuadros suyos de La magdalena pero no la encuentro, si alguien me da la pista se lo agradezco)

 

martes, 9 de diciembre de 2014

5 fotos de atardecer desde el puente.

A tus atardeceres rojos

se acostumbraron mis ojos

como el recodo al camino.

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miércoles, 3 de diciembre de 2014

El quinto párrafo de un relato par.

Noviembre siempre esconde un reflujo de rencor en sus entrañas, es un mes feo, de intermedio, de un gris intenso y cerrado que antecede a los copos de nieve. Las palabras salen torcidas, sin hacer, como el pan blancuzco y crudo antes de hornearse; es un mes de compromiso como un beso corrido a modo de despedida. Los versos salen enripiados, los amores misioneros y los cuentos se encasquillan sin encontrar final llenando folios y folios de frases borrachas que empiezan por “yo” y terminan en ninguna parte.
No puedo dejar de escribir triste o más bien cansado, no puedo dejar de empujar los pensamientos hacia afuera con un esfuerzo de parturienta en cada palabra. No puedo recitar sino en ese tono irrelevante que tienen los políticos descreídos, los opositores de judicaturas en el quinto repaso, las putas de madrugada jurándote amor eterno, las memorias de actuación de fundaciones con patronos jubilados. Y quizá sea eso lo que más me molesta, que este noviembre me haya robado hasta las ganas de contar.
Se me nota, lo sé, que sonrío a la fuerza, que mis sueños son de plástico, que como están a medio dormir se despiertan vivos y luego me atosigan toda la mañana. De habitual duermo poco, pero con muchas ganas y si mis noches tienen sobrealiento, como ahora, se me hunde la mirada en lo más profundo y la sonrisa sale gastada.
Y así pasa el mes escondiendo la desidia tras el alcohol y el sexo forzado; así pasa el mes lleno de la hojarasca que preludia el frio; así pasa el mes abreviando los entretiempos con salmodias en informes ilegibles y tablas de sumatorios cruzados. Así pasa el mes buscando el mar en esta playa de tierra adentro sin navegantes ni polizones, sin jarcias que tensar, sin cofas que permitan avistar islas nuevas, tan solo anclados con maromas de cuerda gruesa al fondo abisal de lo cotidiano.
En fin, ni siquiera soy capaz de rellenar este quinto párrafo para impedir que esto termine en relato par.
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jueves, 13 de noviembre de 2014

Esta lluvia fina de tristeza que todo lo empapa

A veces viene bien escribir sin argumento, así sobre la marcha; como el sumidero por donde desaguan las crecidas tras las tormentas. Leo en silencio blogs nuevos y posts antiguos y me recreo en frases que se van deshaciendo como ovillos de lana. Respiro fuerte y me agrede un extraño sentimiento de resaca, un ardor de estomago cruel y violento; punzante y recurrente como un mal recuerdo, y me mantiene inestable, que parece ser el estado de moda. Nos estamos acostumbrando a vivir en entretiempo, sin subir la ropa al trastero por si arrecia el frío de pronto, vivir en el por ahora, hasta que pase esto y comprobar que no pasa.

Lo siento, no sé construir zonas herméticas que no se comuniquen con la vida de al lado. Lo laboral y lo personal; lo virtual y lo real cavan pasadizos por donde se visitan como amantes furtivos en las vivencias de cada día. Es cierto que en este momento lo laboral se come espacios de mi insomnio particular, pero otras veces es al revés y el desasosiego a penas deja tiempo para hacer algo util en el trabajo.

No penséis que soy pesimista, no es eso, es la lluvia fina de tristeza que todo lo empapa; es salir del refugio y encontrarse la ciudad arrumbada, ascuas aun candentes que dejan un intenso olor a quemado; ves a gentes que te suenan con un atillo al hombro y la cara tiznada de hollín y miedo. Y reconoces al frutero de tu madre rebuscando en las basuras, al prejubilado arrullado bajo el puente apagando su sed y sus recuerdos con vino peleón, los nietos en la diáspora y el futuro en el diván, el experto en management gestionando su pobreza y al banquero refusionado apremiando su indemnización casi agotada.

Algunos días como hoy, me siento en el banco del parque y como hacía de joven, juego con ideas de mañana para no anclarme en un ahora inmediato y cansino que a penas avanza. Y saco la libreta y escribo en vacio frases redondas que no significan nada, pero que suenan bien. Y me hago ilusiones de que aun hay esperanza porque no hay tormenta que no escampe, ni mal que cien años dure.

Regreso a casa, me quito el traje y un puñado de sombras. Los crios me reservan un saco de besos y mil historias que contar. Mi mujer ambienta lo cotidiano con una rutina esperada que se agradece en estos días de clima raro, “que mala cara traes seguro que has estado pensando” me da un achuchón y me manda doscientas cosas “que así seguro que se te pasa tanta tontería”.

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martes, 28 de octubre de 2014

El regreso del Agente Joaquín. El cruel caso de la inspectora de Hacienda

Aquella noche, el agente Joaquín dejo su traje de poli colgado, su mirada en la recamara y su rencor en la puerta. La empentó por detrás como solo se empenta a las mujeres a las que no quieres verles la cara y cuando la inspectora empezó a gritar, digo yo que de placer, le endilgó sendas cachetadas en las nalgas, crueles e injustas como una declaración de hacienda.

La inspectora G. Trujillo era angosta y malcarada, tenía un cuerpo templado e inhóspito pero con los relieves precisos que engatusan a los jóvenes pajilleros y a los señores de cierta edad. Era temida, casi tanto como famosa, por girar inspección habitual a pequeños empresarios y revisar con lupa declaraciones trimestrales de tenderos con aspiraciones de gran almacén. Es decir lo justo para salvar sus posaderas, joder la vida a los pequeños y lo suficientemente cobarde para no arreciar los odios de los grandes mangantes, digo magnates, de la ciudad.

-Muchachos, vosotros los universitarios sois unos vagos comodones que queréis follar siempre en vuestra casa porque no veis las consecuencias, nos dijo un día Joaquín ¿Y si se enamora de vosotros qué? como la echáis eh? si ya conoce vuestra casa, acudirá llorando varias veces hasta que un día os pille con la guardia baja y la polla alta y caigáis de nuevo en sus brazos. En lo posible hay que conseguir que te lleven a su casa porque además os harán la cena antes del postre. Una mujer puede copular sin problema en casa ajena, como bien saben vuestras esposas cuando salen de fiesta, ¿pero cocinar? cocinar siempre en su cocina, en casa ajena no os harán la cena nunca.

A la mañana siguiente encontraron a la inspectora Trujillo (sin punto ge delante y con una mano de hostias detrás) tumbada e inconsciente en el portal de su casa. La llevaron al hospital donde le pusieron un 130 por goteo intravenoso y una complementaria por conducto anal, mantuvieron sus constantes como pudieron y le incrementaron la dosis por vía de apremio para evitar complicaciones posteriores.

G.Trujillo había decidido una mañana meses antes, revisar segundas ocupaciones sin declarar de funcionarios policiales mileuristas, ya sabéis: selector de ambientes en puerta de discotecas de moda, escoltas a concejales de pueblo en puticlubs de capital, y búsqueda de farlopa para niños pijos sin desbravar. Los cabrones de los escoltados hacían firmar a los guardias recibos por conceptos desgravables que pudieran luego justificar en la siguiente subvención municipal y estos más ignorantes que el hijo de un diputado, firmaban y firmaban sin saber lo que se les podía venir encima.

Fue en estas, que la inspectora G.Trujillo pilló a nuestro amigo, el agente Joaquín, con cuatromil euros de complemento por un “servicio de escolta y cama” con la hija fea de un concejal. ¿Te tiraste a la escoltada, tú eres un guarro, con lo horrorosa que era? Muchachos, ¿de qué estamos hablando? no seáis pijos elegir es una chorrada que os enseñan en vuestras facultades de democracia y política donde dan clase los coletitas de Podemos. En la calle no se elige, se aprovecha la oportunidad.

Mi amigo N y yo estuvimos mirando el acta que tenía muchas razones y argumentos pero pocos miramientos con el necesitado y que le imponía una multa equivalente al sueldo de nueve meses de patrullaje con nocturnidad. Quisimos buscar apelaciones en leyes derogadas y antecedentes en las páginas del nacional geografic, con un resultado obvio, acorde al vacío que habían dejado en nuestras neuronas jurídicas tantas noches de alcohol.

Tenemos que hacer algo, nos dijimos, una afrenta de esta naturaleza no puede quedar impune: una cosa es que tenga razón Hacienda y otra que se la demos. Cómo va a pagar eso Joaquín. Y como sabíamos que en un par de días tenía que ir a entrevistarse para aplazar los pagos, decidimos en un gesto que avala nuestra formación cristiana, gastar nuestra paga extra en nuestro amigo Dimitri para que le diera un sustillo a la interfecta que le enseñara a adecuar cuantías a incidentes de medio pelo.

Encontrar la dirección de G.Trujillo no fue difícil ya que, se me había olvidado deciros que nosotros somos también inspectores de hacienda (lo siento, algo hay que inventar para acabar este cuento ya) y conocíamos de sobra a nuestra angosta y malcarada compañera. Así que orgullosos de nuestra labor social nos marchamos a nuestra casa no sin antes bebernos un cienpipers con cocacola y una Murphy respectivamente a la salud de nuestra batracia idea.

Tardamos varios días en volver a ver a Joaquín. ¿No os lo vais a creer, no os vais a creer lo que me ha pasado?, nos dijo sonriente al llegar. ¿Te ha tocado la lotería como a un corrupto y has pagado la multa? Mejor aún, me tocó hacer guardia en Hacienda y que casualidad conocí a la inspectora que firmaba mi denuncia, bueno una cosa llevo a la otra y la otra me llevó a su casa. Y no se si por el placer de dar por culo a quien me lo iba a dar a mi o por qué, le hice un habeas corpus de los de banderillas de castigo y rejón de muerte. La cosa es que, qué casualidad, esa misma noche le dieron a la inspectora una paliza de programa padre y muy señor mío. Al principio creo que dudó de mi, pero reflexionó sobre lo imposibilidad de que un policía se encuentre en el lugar donde suceda un delito y optó por ser pragmática como un cheque sin fondos. Quién mejor que yo para protegerla de los malvados que recorren nuestras calles. Así que hemos pactado una quita y espera que vamos solventando justo después de la cena que cada noche me prepara con esmero en su casa.

martes, 21 de octubre de 2014

Forrest, Odus el del Candy Crush y Joe Frazier buscan piso de alquiler

Corre Forrest, corre- y sigo hacia delante sin parar,-corre Forrest, y quiero ir despacio, corre Forrest, y quiero esperar una gominola más para hacer un cuatro en raya que es mas útil que ver estallar caramelos baldíos de tres en tres. Joder, me pego varios meses preparando neumáticos de lluvia y ahora que estoy listo sale un sol radiante y desconocido que me pega al suelo como un chicle de fresa acida en la suela del zapato. Me gusta jugar con Odus que impide que vayas explotando bombas a lo loco; me gusta más jugar con Odus que templa los impulsos en el país de los sueños, ¿Por qué te paras Forrest?- Estoy pensando- déjate de pensar y corre y no pares hasta llegar. Oh mira, hay un señor entre el centeno que impide que los niños caigan al vacío, míralos como corren alocados ignorando el peligro que hay detrás. Y al decirlo oigo el estrépito de los cuerpos contra el suelo, tears in heaven, el bombero de las torres gemelas que cierra los oídos y abre los ojos con asombro incrédulo ante lo que pasa alrededor. Dos días tardas en llegar a Cadiz y dos a Barcelona, pero el destino te lo dirán mañana y pasado deberás estar en una de las dos. Corre Forrest y no pienses -¿Y si voy en sentido contrario?- te la tienes que jugar hoy, si esperas a que te digan el destino mañana no llegarás en ninguno de los dos casos. Corre Forrest. y miro de reojo y con envidia al hijo de puta de Ali tranquilo, cobijado en las cuerdas Rope a dope, y me veo a mi como el gran Joe cuando en Kingston quiso pelearle de cerca a Foreman que tenía brazos como aspas de molino y ya en el segundo asalto estaba el bueno de Frazier en la lona. No basta ser buen pegador, ni siquiera buen encajador, si no estudias al enemigo. A veces hay que cobijarse sin moverse hasta que escampe. Soy el cerdito del medio, el que hacía su casita de madera, el que se descojonaba del de paja en lugar de fijase en el cerdito de los ladrillos ¿Quién teme al lobo feroz, lobo feroz? el del medio de los Chichos que se me ha aparecido en sueños (el pais de Odus) y me ha pedido dos favores: que sea su mensajero y una canción de colores. Y yo le quiero hacer caso joder, me niego a hacer de mi vida una ciudad gris con ínfulas de acomodada, un Paris cualquiera siempre encapotado que cuando parece que escampa aun más arrecia. Paris no era una fiesta, era una farsa de sillares y sombras; de puentes con candados y escritores pajilleros que se la menean en el Pont des arts escuchando viejas canciones de jazz, Escritores y directores judíos que se ponen blanditos recordando a Vallejo y su puta manía de morirse achopado un jueves cualquiera en esa ciudad de attrezzo y mentira. La gente quiere ver Midnight in Paris sin darse cuenta de que era medianoche en Bhopal el día de las poesías y el isocianato, el día de San Francisco Javier para más datos del 84. Sit down, son, It's all over. But no-one will ever forget what you did here today.

jueves, 16 de octubre de 2014

128 libros

Los 128 libros que me he leído desde que tengo blog


2014    (32)
Mala Hostia **** Gutierrez Maluenda
Manteca Colorá *** Montero Glez
Pistola y Cuchillo *** Montero Glez
Los objetos nos llaman ** Juan José Millas
Besos de Fogueo **** Montero Glez
El Verano: lo crudo y lo podrido *** Montero Glez
La tarde lenta **** García Pavón
La soledad era esto *** Juan José Millas una nota breve
Factotum **** Bukowski una nota breve
El amanecer de un marido ** H. Abad Faciolince una nota breve
El gol más lindo del mundo y otros cuentos *** Montero Glez una nota breve
Dura la lluvia que cae **** Don Carpenter una nota breve
Pólvora Negra **** Montero Glez mi opinión
El olvido que seremos **** H. Abad Faciolince mi opinión
La gente feliz lee y toma café ** Agnés Martín-Lugand una nota breve
Peores maneras de morir **** González Ledesma mi opinión
La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada ***
(El ahogado más hermoso del mundo) ****
Gabriel Garcia Marquez
Los cuerpos extraños **** Lorenzo Silva mi opinión
Pedro Paramo ** Juan Rulfo una nota breve
Foto Movida ** Miguel Mena una nota breve
Micromemoria *** Miguel Mena
Intemperie *** Jesús Carrasco
Piedad **** Miguel Mena una nota breve
El buen padre ** Esteban Navarro
Te espero dentro *** Pedro Zarraluki mi opinión
Estaba en el aire ** Sergio Vila-sanjuan Una nota
A los hombres de buena voluntad *** Sergio Algora
Moleskine *** Luis Sepulveda
Patagonia Express **** Luis Sepulveda mi opinión
Los fresones Rojos *** Esteban Navarro
La historia de la gaviota y el gato que le **** Luis Sepulveda mi opinión
Diario de un Killer Sentimental y Yacaré **** Luis Sepulveda mi opinión

2013    (32)
El mundo del fin del mundo**** Luis Sepúlveda mi opinión
El Buen Hijo*** A. Gonzalez-Sinde
La sombra de lo que fuimos ***** Luis Sepúlveda
De qué  hablo cuando hablo de correr *** Haruki Murakami
Moby Dick **** Herman Melville
La mala luz *** Carlos Castán
Hot Line **** Luis Sepúlveda mi opinión
Un hombre llamado Spade (Cuento) *** Dashiell Hammett
01 Harry Flashman **** G. MacDonald Fraser
El asesinato considerado como una de las bellas artes *** Thomas De Quincey
La frontera del éxito *** Malcolm Gladwell
El viejo que leía novelas de amor **** Luis Sepúlveda
El restaurante favorito de Nina Hagen ** Sergio del Molino
F **** Justo Navarro
La hora violeta **** Sergio del Molino mi opinión
Aragón negro ** (según autores) Varios autores
El asesino de Zaragoza ** José.L Gracia Mosteo
Setenta y Cinco veces uno (poesía) **** José A. Labordeta
De aquel amor quedan estos versos (y otros) *** Jesús Munárriz una nota breve
Sed de Champan **** Montero Glez
Todo lo que era sólido **** Antonio Muñoz Molina mi opinión
Me hallara la muerte *** Juan M. de Prada mi opinión
Regular gracias a Dios *** José A. Labordeta una nota breve
Hoy, Júpiter (Luis Landero) **** Luis Landero
Los cementerios vacios  *** Ramiro Pinilla
Papeles inéditos (Castán) *** Carlos Castán
Museo de Soledad (Carlos Castán) **** Carlos Castán
Solo de lo perdido (Carlos Castán) ***** Carlos Castán
Historias de Nueva York (Enric González) **** Enric González
Polvo en el Neón (Carlos Castán) *** Carlos Castán
Las ventajas de ser un marginado  **** Stephen Chbosky
Cuando la noche obliga (Montero Glez) ***** Montero Glez. mi opinión

2012     (21)
El animal moribundo (Philip Roth) *** Philip Roth mi opinión
Un cuerpo o dos (Gabriel Ferrater) **** Gabriel Ferrater
La marca del meridiano (Lorenzo Silva) **** Lorenzo Silva mi opinión
El café de la rana (Jesús Moncada) *** Jesús Moncada
84 Charing Cross Road *** Helene Hanff mi opinión
Calaveras atónitas (Jesús Moncada) *** Jesús Moncada
La vida imaginaria (Mara Torres) ** Mara Torres mi opinión
Galvez en la Frontera (Jorge M. Reverte) *** Jorge M. Reverte
Las leyes de la frontera (Javier Cercas) **** Javier Cercas
La bicicleta estática (Sergi Pámies) ** Sergi Pamies
Un momento de descanso (Antonio Orejudo) *** Antonio Orejudo
Reconstrucción (Antonio Orejudo) **** Antonio Orejudo
Con el Agua al Cuello (Markaris) *** P. Markaris
El enredo de la bolsa y la vida (E.Mendoza) *** Eduardo Mendoza
El alma del controlador aéreo (Justo Navarro) *** Justo Navarro mi opinión
Verano (Coetzee) *** Coetzee mi opinión
Frio de vivir **** Carlos Castán mi opinión
La Virgen de los sicarios ***** Fernando Vallejo mi opinión
Knockemstiff **** Ray pollock mi opinión
Cannery Row **** Steinbeck mi opinión
Lo peor de todo *** Ray Loriga

2011    (22)
La caja negra *** Amos Oz mi opinión
La playa de los ahogados **** Domingo Villar mi opinión
Historia de dios en una esquina *** González Ledesma
Agosto Octubre *** Andrés Barba mi opinión
Obras completas Miguel Labordeta (tomo 1) *** Miguel Labordeta
La perla *** John Steinbeck
Ultimas tardes con Teresa **** Juan Marsé
Tocar los libros *** Marchamalo mi opinión
Si te comes un limón sin hacer muecas **** Sergi Pamies mi opinión
Ojos de Agua *** Domingo Villar mi opinión
Corazón tan blanco **** Javier Marías mi opinión
Cuentos de amor vagamente **** García Pavón mi opinión
Hospital de los dormidos *** García Pavón
Camino de Sirga ***** Jesús Moncada mi opinión
El halcón maltés *** Dashell Hammet
Mileuristas **** Espido Freire mi opinión
El legado de Costa *** Varios autores DPZ
Un invierno propio *** Luis García Montero
El Combate ** N. Mailer
En la cima del mundo ** Barba **** N. Mailer / A.Barba
No vine a decir un discurso **** García Márquez
El tiempo que querría *** Fabio Volo

2010    (21)
Saber perder *** David Trueba
Tres vidas de santos *** Eduardo Mendoza mi opinión
Un barco cargado de arroz **** Giménez Bartlett mi opinión
Un día de perros *** Giménez Bartlett
La dama de cachemira **** González Ledesma
La estrategia del agua ** Lorenzo Silva mi opinión
Muerte en la Fenice *** Donna Leon mi opinión
Sin Brunetti **** Donna Leon mi opinión
Vacas,cerdos y brujas **** Harris
Historias de cronopios y famas **** Cortázar
Revolucionary Road **** Yates
Solo un muerto mas *** Ramiro Pinilla mi opinión
Perros de paja **** John Gray
El último encuentro *** Sandor Maray mi opinión
La ciudad y los perros **** Vargas llosa
Los cachorros **** Vargas Llosa
El periodista deportivo **** John Ford mi opinión
La crisis de 2010 ** Niño Becerra
La paciencia de la araña *** Andrea Camilleri mi opinión
Bartleby y compañía *** Vila Matas
De la estirpe de Caín **** García Andrade



sábado, 4 de octubre de 2014

El manifiesto de los Persas o los interinajes en el poder.

Nada tengo que ver con Arturo Pérez Reverte, papa de Alatriste, barnizador de libros con ínfulas de historiador y personaje encumbrado a los altares, como el enemigo perfecto, por los mismos a quienes denosta. Es cierto que es el primer columnista de homilía dominical que se ha atrevido a cortar las melindres a tanto gañán de la progresía juliaoterista, pero aun así me parece un cansino reiterativo al que solo leo cuando habla de barcos  o de mares.
Pero con todo y con esto, él y yo tenemos un enemigo común y eso nos une mucho. No, no es zetape; tampoco el colectivo feminista por el derecho a la autoeyaculación…no van por ahí los tiros, sino porque los dos pensamos que fernando uvepalitopalito (Fernando VII pa los amigos) ha sido el rey que representa lo más nefasto del españolismo derechón patrio. Es decir, ese envolverse en la bandera ante el pueblo, para luego dar pol culo al mismo pueblo que anteriormente  le aclamaba y le enaltecía a los sones del viva España.
Son esos conservadores que meten en la nevera cualquier intento de librepensamiento (derecha liberal si les parece mejor, que no pasa nada) y que odian al liberal mucho más que al izquierdoso. De hecho coinciden con ellos en  que el poder debe estar en el Estado para legitimar una dinastía de estirpe, apellido o carnet y por supuesto mucha tontez por adn y comité de partido regional. Si hay hoces y martillos, flechas o senyeras, son anécdotas y variaciones de la misma canción, lo importante es que el Estado joda al individuo y que la Nación y la Cruz amortajen cualquier intento de reivindicación de la persona librepensadora frente al Estado.
Y todo esto viene a cuento porque últimamente estoy viendo unas cuantas situaciones de anarquía interina controlada, revoluciones con olor a chanel y nacionalismos independentistas de corchopan a los que se les ve el plumero. Mejor dicho se les ve el plumero a quienes los han fomentado, permitido y posteriormente reprimido para luego justificar la contrarrevolución que es lo que verdaderamente quieren. Fomentar que triunfe el Frente Popular para luego legitimar al General salvapatrias, permitir unos años que Allende recorriera alamedas para que luego Kissinger nos impusiera un pinocho que nos haga una chilena por vía rectal. Permitir un rato de tontos opositores antes de que puedan consolidarse definitivamente los listos.
Y es que en la historia de España las torpezas se repiten una y otra vez y como decía  mi  profe Ramirez tan solo nos movemos de manera pendular entre dos polos de idiotez totalitaria. Parece que digan: votad, votad malditos y ojala ganen  los podemos, los independencias y demás y ya vendréis luego a pedirnos que os salvemos con nuestros tanques, cuando veais su inutilidad y a dónde os llevan vuestros libertadores.
En fin nada distinto que provocar un Manifiesto de los Persas como el que alegaban los conservadores del siglo XIX ante el sin dios y el desorden de las cortes de cadiz. Y así aclamaron al susodicho fernandouvepalitopalito como el dictador querido. Vivan las cadenas!! gritaban los desgraciados. Y todo porque era tal el caos que habían organizado los sargentillos de entretiempo con infulas de general que desearon el regreso del poder verdadero por muy tiránico que fuera. El tejerismo como golpe de estado de los tontos, antes de que lo dieran los listos.
Era costumbre en los antiguos Persas pasar cinco días en anarquía después del fallecimiento de su Rey, a fin de que la experiencia de los asesinatos, robos y otras desgracias les obligase a ser más fieles a su sucesor. Para serlo España a V. M. no necesitaba igual ensayo en los seis años de su cautividad, del número de los Españoles que se complacen al ver restituido a V. M. al trono de sus mayores,
Disculpen este rollete ensortijado de madrugada pero estoy en fase de recuperación del becarismo en el poder, de los hombres de paja que hacen las pajas a los hombres con poder,  de interinajes que hacen añorar al titular, porque a fin de cuentas si ha de ser la revolución que sea y si ha de ser la dictadura que sea también, pero no me engañuflen con anarquias de parque tematico para que terminen mandando los mismos con  contrarrevoluciones feroces, con independencias que solo pretendan justificar a la oligarquia del pais segregado, con interregnos de Pepe Botella donde napoleon (o el elefante blanco campechano) nunca llega… en fin que solo me queda gritar  !!vivan las cadenas!! y guardaremos nuestros sueños liberales en el cajón del “falansterio” utópico para tiempos mejores

lunes, 29 de septiembre de 2014

Mis 111 cantantes y grupos favoritos por estilos

Bossa Nova
Caetano Veloso
Vinicius de Moraes
Toquinho
Chico Buarque
Antonio Carlos Jobim
Paulinho Da Viola
 
Joao Gilberto
Maria Betanha
Marisa Monte
 
Country
Dolly Parton
Emmy Lou Harris
Kenny Rogers
 
Grupos españoles ochenteros
Secretos
Cómplices
La Guardia
Tam tam go
Extremoduro
Hombres G
Ella baila Sola
Antonio Vega
La Sal
Alaska y Dinarama
Canovas,Rodrigo Adolfo y Guzman
 
La cabra mecánica
Gabinete Caligari
Dover
Rosendo
Luz Casal
Loquillo
Revolver
Kortatu
 
Música Instrumental contemporánea
Lito Vitale
Suzanne Ciani
Esclarecidos
Sarah Brightman
Secret Garden
 
Folk
Don Mc Lean
Reba Mc Entire
Benito Lertxundi
Peter, paul and mary
Nancy Grifith
John Denver
Carlos Mejia Godoy
Fairground Attraction
 
La Ronda de Boltaña
Ixo Rai
Mas Birras
 
Cantautores
Sabina
Serrat
Silvio
Serrano Ismael
Drexler
Rosa Leon
Labordeta
Brassens
Hilario Camacho
Victor manuel y Ana belen
Rosana
 
Antonio de Pinto
Quique Gonzalez
Antonio Flores
Tontxu
Aute
Joan bautista Humet
Joaquin carbonel
Mestisay
Carlos Cano
Victor Jara
Pablo Milanés
 
Celtas
Mary Black
The Chieftains
Night Noise
 
Voces Lentas
Maria Dolores Pradera
Amy Winehouse
Juan Luis Guerra
Sabandeños
Carperters
Nino Bravo
Steve Wonder
Alejandro sanz
 
Natalia Lafourcade
Silvia Perez Cruz
Cristina Rosenvinge
Carla Morrison
Katie Melua
Maria josé Hernandez
Melody Gardot
Clara Montes
Carminho
Luis Miguel
Virginia Labouat
Norah Jones
Katia cardenal
 
Frik
Un pingüino en mi ascensor
Miranda
Los Ginkas
Mecano
Laura Pausini
Mocedades
Jose Luis Perales
Gloria Stephan
Carmen y Antonio
 
Los Peces
La Plata
 
 
Extranjeros
Pretenders
Michael Jackson
Queen
Six Pence None the Richer
Abba
 
Jazz
Etta James
John Coltrane

martes, 23 de septiembre de 2014

3 fotos desde el movil del último verano y Roberto Carlos

Tengo un móvil sin flash, que hace fotos regulares, las enturbia como las desilusiones y el desamor enturbian el dia a dia. Y se convierten en un cuadro de puntillismo o en el paisaje tras el parabrisas de los días de lluvia como recitaba la canción de Roberto Carlos. Sin embargo, algunas me dicen tanto del último verano que me apetece subirlas.




Y la canción de Roberto Carlos abstenerse los que no sean forofos como el que firma o morireis de blandez

miércoles, 17 de septiembre de 2014

El síndrome de septiembre o la “cuarentez mental”

Pues septiembre es raro porque todo empieza y nada se inicia, es momento de hacer colecciones de dedales, prometerse hablar francés y comprarse maripis nuevos para correr por el parque con el vano propósito de bajar de la barrera sicológica de los tres dígitos. Pero no os os asustéis, no es depre postvacacional, es más bien un estado de cuarentez mental que me amohina.señal

La “cuarentez mental” es una línea en medio, una de esas líneas imaginarias que dibujan un antes y un después; esas líneas que no se perciben en el momento pero de las que te das cuenta, cuando echas la mirada atrás unos años después. La cuarentez tiende al cambio total o por el contrario y paradójicamente a quedarse ya  estático para siempre.

La cuarentez no siempre llega a los cuarenta. por ejemplo, hay gente que entra en la curentez cuando se casa, y decide (o se obliga) a dejar atrás todos sus divertimentos y solo sale para llevar a sus chicos a las clases de aloha o al profe de bilingüismo. Se ha olvidado de donde están los bares de moda, se entera de que sus amigos están enfermos cuatro meses después de que se hayan curado (aunque vaya diciendo que tiene mucho contacto con ellos porque los tiene en su cuenta de guasap). En fin, yo creo que las familias son mas ricas cuanta más vida fuera de casa tengan cada uno de sus miembros. Luego cuando te sientas hay un sinfín de cosas que contarse. Nunca he sabido de qué hablan esas gentes que se pegan todo el dia mirándose a la cara los unos a los otros.

Otra cuarentez por el contrario consiste en empezar a comer rápido como si te fueran a quitar el pan o a echar todos los polvos en una noche como si te fueran a cortar la minga. Cambias de casa, coche y compañera; contratas polvos onerosos para intentar posturas ignotas y te propones retos imposibles y amigas nuevas a penas en pubertad. No nos equivoquemos hay gente que siempre ha vivido así y a los cuarenta sigue viviendo así, no me refiero a estos para los que solo tengo palabras de admiración; sino más bien a quienes no han hecho nada en su puta vida y de repente quieren hacerlo todo de golpe como si les hubieran diagnosticado el dia de antes una enfermedad mortal.

A ver, que no es que me ponga a pontificar, que cada uno hace de su vida lo que le da la gana y si está bien mucho rato. Pero veo a gente viviendo en un septiembre inacabable, a gente que lleva ocho años aplazando decisiones para cuando acabe la crisis, a gente que vive en un paréntesis sin posibilidad de cierre y muchas veces me siento a pensar si no me empieza a suceder también a mi. No me refiero a aplazar cosas por estar a dos velas, eso lamentablemente a quien le pasa le pasa; me refiero más bien a gente con buen empleo y sueldo y que se mete en un tunel a los cuarenta y sale a los sesenta con la frente calva, el culo pelado y el billete de vuelta sin haber ido a ninguna parte. Gente que su lucha consiste en que nada se mueva y en que todo siga igual y ponen tanto empeño que al final lo consiguen y terminan logrando que no les pasa nada de nada. 

Pues en este septiembre, miro con un miedo asombrado o con un asombro miedoso, a gentes en uno u otro de estos estados de “cuarentez mental” a mi alrededor. Me desasosiego ante esta cuarentez de mi vida laboral no tanto por el hecho de estar pasando tiempos de incertidumbre, que ciertamente lo son, sino por el miedo a contagiarme de la desidia y caer para siempre en una “cuarentez mental” y en un septiembre sin retorno. Y en esa voluntad de superarlo me ha dado por estudiar, escribir mucho y darles besos tiernos a los míos que es, por otra parte, la manera que desde siempre he usado para ocultar mis claroscuros en momentos de tenebrismo.

Moi qui balance entre deux ages Je leur adresse а tous un message. Le temps ne fait rien а l'affaire. Quand on est con, on est con! que cantaba el sabio Brassens. En fin que el raciocinio me dé al menos para no convertirme en un  gilipollas.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Un septiembre sin blogs

Septiembre se desgrana con la vida bloguera mortecina, la actualidad laboral en mudanza y las ganas de escribir en vía muerta. Rebusco entre los escombros, recuerdos graciosotes con los que poder hilvanar un cuento, pero solo encuentro muñecas sin cabeza y puzles descatalogados a los que les faltan la mayoría de las piezas.
Ayer concerté una cena con mis viejos personajes de este blog, a ver si por un casual, les apetecía renovar un contrato basura a tiempo parcial, todos me dieron calabazas: hablé con el agente Joaquín, no sé si lo recordáis, para proponerle una historia de polis viejos en barrios nuevos con burdeles adecentados. Me dijo que esta noche le tocaba folleteo con una exalumna jesuita reconvertida en ninfómana que había conocido en una reunión tediosa de envases del tupperware y que por tanto no podría asistir.
Luego hablé con mi querido concejal regionalista, aquel que me mando apalear a la salida de un pub de rumanismo en el que le reconocí, pero tampoco quiso prestarse al cuento. “Mira majete a mi partido y a mi matrimonio le quedan dos telediarios uno porque la gente se espabila y otro porque mi mujer se atonta. Ahora no me puedo entretener, estoy trabajándome por un lado la integración de la ultraderecha  es decir los que siempre mandan  y el regionalismo en un partido único del que seré candidato, por supuesto y por otro lado me trabajo a la candidata local de Podemos que es la hija del que fue nuestro cacique de toda la vida y que echa unos polvos de ultraizquierda gritando !viva chavez! que hacen revivir mi pajarito cuatribarrado aburrido por mi cincuentona esposa”
Acojonado por tan lamentable respuesta rebusque argumentos en libros recomendados, programas de radio, tetas ochenteras y canciones de cantautor, pero ninguna de ellas me inspiraron lo más mínimo ni tenían fuerza bastante como para llenar medio folio de Word calibri paso 12.
Al fin, busque en esa carpeta de mentiras anticuadas que todos guardamos, el listado de mis 39 novias prematrimoniales. Y con la ilusión vana de darles vida, recordé manoseos procaces y mediopolvos de meteisaca en la confianza de que eso animaría un poco mi lado Chinaski. Ya sé, ya sé que queda de onanista de paja gatillosa pero si las musas huyen de mi, de algún sitio tendré que sacar los argumentos digo yo.
El resultado fue desigual ya que en ocasiones se me representaban en su adolescente edad original y visualizaba mi conducta rayando el delito, en tanto que otras se me aparentaban en su aspecto actual cercanas a la tercera edad en relaciones de polvoyaya y oprobio. Desistí por tanto de tan luctuosa tarea y empecé a escribir con denuedo y sin descanso en escritura libre. Así que casi sin pensarlo he  venido sumando línea a línea hasta que me ha parecido lo bastante largo.
Lo subo a modo de cuento postvacacional, disculpen el penoso reencuentro.



lunes, 18 de agosto de 2014

El olvido que seremos de Abad Faciolince Opinión o el reverso de La virgen de los sicarios

Lo más probable es que uno invente el padre que le hubiera gustado tener, para parecerse al hijo que le hubiera gustado ser. Abad Faciolince habla de su padre, y lucha desde la primera línea contra el olvido que seremos a fuerza de construir el recuerdo que quiere que tengamos de él. Por tanto, si has comprado (o robado) este libro pensando en leer una biografía o un relato de historia, mejor búscate otro libro. Tened claro que tenéis en la mano una novela, una recreación personal de la vida de su familia y que no tiene que corresponder necesariamente con la realidad.el olvido
Y dicho esto, y aunque pueda parecer contradictorio con lo anterior, El olvido que seremos rebosa realidad por todos los lados. Una realidad contada en primera persona, desde sus recuerdos y de una manera suelta y amena que ha logrado poner a este escritor en la nómina de mis favoritos americanos desde ya mismo.
Aunque no digo mucho en mi favor a Hector Abad ya lo conocía, topé con él hace unos años, por un cuento erótico en El Pais llamado Grito Ciego y que siempre retomo en mi cabeza durante el sexo silencioso. Me gustó tanto, que me compre dos libros (este y el de El amanecer de un marido) aunque a decir verdad no me los leí y los dejé dormir durante un tiempo en las baldas de mi biblioteca esperando que llegara un beso de príncipe azul (o un casquete de plebeyo verde) que los despertara.
Decía que Abad Faciolince es para mí todo un descubrimiento. Retoma esa virtud de los buenos cuentistas colombianos que logran llevarnos de la mano por historias de palabras dulces y contenido de guerra y que sin darnos cuenta nos sumergen en un universo distinto, el suyo, al otro lado del espejo. Y es que creo, que no es que los escritores colombianos postureen con un lenguaje tierno, sino que sencillamente es su idioma y que su lucha, al contrario, consiste en no resultar demasiado merengones para los lectores en español de este lado. Y esta lucha es lo mejor del libro: relatar la historia de su padre en Medellín sin caer en lo lacrimoso y al mismo tiempo dándole la fuerza de una historia interesante, con mucho de filosofía y el aderezo justo de melosidad.
El libro me lo recomendó el Sr Ro, médico pensante más que recetante, y buen conocedor de Colombia, diciéndome que era un libro indispensable. Y claro, es que el libro se degusta mejor cuando se reúnen esas tres características. Pensar, pensar mucho sobre la educación y la sociedad; ser médico como lo son el protagonista y el Sr Ro (más si se entiende la medicina desde lo social) y también implicándose en la Colombia de los ochenta (o antes).
Y llegamos al nudo del libro, la guerra civil en ese pais: Medellín, Antioquía, Colombia y el encontronazo de la violencia frente a la intelectualidad. No nos engañemos, ni el autor ni su padre son gente pobre que luchan contra los ricos (que es una manera de ver un conflicto social) más bien son el librepensamiento de casabien contra la intransigencia y el integrismo que habita tanto en una clase como en la otra. De esto, del Medellín de los ochenta, ya había hablado Fernando Vallejo en La virgen de los Sicarios de una manera descarnada y sencillamente magistral (ya hice reseña de La virgen de los Sicarios con mucho entusiasmo).
Esta novela es una forma de reverso de aquello. Cada uno vive la muerte y el país abierto en carne viva a su manera, distinta pero igual. Vallejo desde el Sicario, Abad desde el defensor de los derechos humanos; Vallejo desde la relación homosexual con el mal, Abad desde la familia de casa bien; Vallejo desde la diatriba, Abad desde el relato dulce con traje de biografía de su padre y del niño que fue y los dos, porque no decirlo, desde la elite social y económica de la ciudad. A mi es que me encantó La virgen de los sicarios, este también, bueno, un poco menos.
No voy a hacerme el entendido por haber estado un par de veces en Colombia, para ello ya están nuestros periodistas de trinchera que tertulean de Latinoamérica por haber estado una semana en un resort en Punta Cana, únicamente puedo decir que regresé con una imagen distinta, muy distinta a la que nos venden y sin duda para mejor, y por supuesto mucho mejor del momento que cuenta el libro.
Es cierto que yo fui de señorito y que estuve al final de la década pasada, cuando las cosas empezaban a ir por otro camino (…que aun queda  por recorrer). Los libros de Abad Faciolince y de Vallejo hablan son de la etapa de guerra civil y es una manera realista de conocer lo que fueron aquellos años. Ambos autores fueron amigos, luego se discutieron por prometerse no regresar a España mientras obligáramos visado (…y uno de ellos incumplirlo). Pero vamos que va de sí en los grandes latinoamericanos estirarse de los pelos. Vargas Llosa y García Marquez o Plinio Apuleyo Mendoza y Galeano… así que tampoco le echaremos cuenta. Leed El olvido que seremos y si no lo habéis hecho, leed también La virgen de los sicarios.
Bueno y si queréis volver a la prehistoria de este blog yo también escribí un cuento sobre Colombia a mi manera.

jueves, 14 de agosto de 2014

Pólvora negra de Montero Glez. Opinión tras una relectura sin sacarla

He acabado Polvora negra de Montero Glez, y al llegar justo al final, después de “Aprieta el calor en Madrid y de las cloacas sube un tufo tan intenso como para marear a un perro,” he vuelto a empezar por el principio. Así, sin sacarla, de una sola tirada, como la cerveza que enlaza trompas y retoma en un domingo de resaca la borrachera del día anterior. Y he vuelto a la primera página para, de golpe y a tirón llegar de nuevo hasta la 60 y luego otra y otra y mucho más hasta que me he tenido que parar para no leerlo otra vez entero.

Y es en esa relectura imprevista, cuando me he encontrado con otro Montero Glez: con el currante, con la costurera que hilvana detalles, con las frases hechas más a golpe de neurona que de cadera, con un argumento más de orfebre que de escritor testicular; como si me echara la culpa de haber sido por un momento un pasapáginas que hablara de él con esa condescendencia de describirlo solo desde lo rudo, lo característico y lo castizo de su verbo. Es que parece que muchos, al hablar de como escribe, dijéramos que lo que hace fuera sencillo, como si todo fuera el resultado automático de un atracón de güisqui añoso sin participación del trabajo minucioso y el talento previo…polvora-negra

Del día que conocí a Montero Glez ya hablé cuando me topé con Cuando la noche obliga ,luego me he leído Sed de champan con su memorable comienzo que no repito para no gastarlo, y desde entonces los voy dosificando como esas noches salvajes veraniegas sin madrugada ni acto de contrición que de vez en cuando dan argumentos a nuestros inviernos. (Recordar que a Montero Glez me lo tomé por prescripción del Dr NaN)

Pólvora negra bebe de la historia, pero se recrea en ese lenguaje propio de Montero Glez. Nace de aquel intento de magnicidio a Alfonso Trece, bisabuelo del actual Felipe uvepalito, cometido por un anarquista niñopijo de Sabadell de nombre Mateo Morral. Pero eso es solo el marco, porque sobre el lienzo, se va pintando con brocha fina y en ese lenguaje que abre en canal cuerpos dormidos y entrepiernas de ursulinas, un oleo de personajes encarnados en el Madrid más profundo de principio del siglo XX. Son la Chelo, el teniente Beltrán, el Cojo, que como el Charolito o Luisardo ya son históricos entre los seguidores de la prelatura personal de Glez, (Quienes, sea dicho de paso, andamos buscamos milagros ya para su beatificación literaria).

Es verdad que a Montero Glez se le da mejor en este libro describir la villanía que la nobleza, mejor las calles gusaneras y de lenocinio de Madrid  que los palacios y las chorreras (no por ello menos alcahuetas), pero al final todo está traducido al mismo idioma, a su idioma, quizá porque la hijoputez y los cuerpos encamados tanto da que sean de reyes que de villanos (En el recuerdo mi profe de político que nos decía aquello de ”a Isabel II la revolución le pilló en Sansebastian pero a la reina la pillaba cualquiera en cualquier parte”.

Ya os dije que a Montero Glez hay que leerlo despacio palabra a palabra, ahora además añado que está bien releerlo, porque el tapiz no tiene hilo suelto ni evento fuera de argumento. Cada personaje va y vuelve en su momento justo, y es normal que, arrastrado por la torrentera de palabras y metáforas abiertas, dejes escapar matices que descubres al regurgitar otra vez lo digerido, en una segunda lectura. 

Bueno pues, ya veis que estoy totalmente enganchado a este hombre (además leo por ahí que prefiere antes a Fernando Vallejo que a Bolaño lo que para mi, luchador contra el bolañismo, ya es lo más) Leeros este libro pero antes iniciaros. Yo empezaría por Sed de Champan o por Cuando la noche Obliga y seguiría por este. Ahora me estoy leyendo en paralelo (ya sabéis mi costumbre de leer varios libros a la vez) un libro de artículos de futbol de Montero Glez “El gol mas lindo del mundo” que también me está encantando. (Este requiere la premisa de ser futbolero advance para saber de quienes habla, con beginner no basta).

Lo dicho a disfrutar del verano.

sábado, 9 de agosto de 2014

Tras la tormenta, el cielo dibuja sombras y el rio baja marrón

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Tras la tormenta, el cielo dibuja sombras y el rio baja marrón. Las piedras reflejan  tonos cobrizos y acerados de un sol tardío que renace adelantada la tarde. Los críos quieren salir de casa para buscar caracoles y pisar los charcos provocando a los mayores que les contamos obviedades como que se van a mojar: “ya, es que es precisamente lo que quieren”. El campo respira con la humedad fresca y las canaleras siguen desaguando lluvias y desasosiegos de las casas sin septiembres.

De repente oigo gritar al pequeño “Mira mira papa ha salido el arcoiris, y se ve entero no como en Zaragoza”. Y me doy cuenta de que es cierto, y que en Zaragoza nos hemos acostumbrado a ver demasiadas cosas a trozos, muchas tapadas,  músicas con sordina y canciones sin letra para que todo se desenvuelva en nuestro habitual tono cansino como si a nadie le afectara nada de lo que pasa.

No sé porqué pero me viene a la cabeza aquella canción de La Bullonera que decía aquello de “aquí nunca pasa nada pero un día pasará”. Y me viene también que anoche mi sobrino me contó con una claridad que se le salía de las manos el porqué iban a montar un circulo de Podemos. “esencialmente para dar por culo a los que llevan treinta años mandando” que la verdad, como proyecto de futuro es una mierda, pero que como punto de partida no encuentro nada mejor. Renuncié a explicarle en todo lo que discrepaba para que se quedara en que, por lo menos, en algo coincidía y no me tildara de derechón de capital.

Y las nubes fueron jugando con el sol como un iluminador en el escenario que reparte al azar umbrías y solanas por aquí y por allá. Y se van haciendo brillantes los campos y apagadas las colinas y me recito de memoria y por lo bajinis los últimos versos del poema de Machado que tanto me gusta,  inspirado por esta lluvia de agosto disfrazada de abril.

      Lluvia y sol. Ya se oscurece
el campo, ya se ilumina;
allí un cerro desparece,
allá surge una colina.
      Ya son claros, ya sombríos
los dispersos caseríos,
los lejanos torreones.
      Hacia la sierra plomiza
van rodando en pelotones
nubes de guata y ceniza.

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jueves, 7 de agosto de 2014

Fotos tristes al atardecer.

 

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Se entibia el aire, se adormece el día y las campanas amuelan el silencio con su impertinencia de letanía. Va oscureciendo, y la tarde se esconde tras el muro mientras las sombras naranjas juegan con los gatos y las chamineras.

Al fondo Peña Forca que como regla mellada perfila un horizonte de estío. Murmulla el rio que baja suave como el mes de julio esquivando piedras y estiajes hacia la tierra llana. Me apoyo en la baranda y pongo el separador en el libro que ya desemboca en un final predicho y esperado.

Huele a cena y busco el mar en una querencia de tarde adolescente de verano, cuando como hoy, las dudas y el futuro me visitaban como un mendigo disfrazado de invierno que recitaba el poeta a su burro.

Llegan mis hijos saltando, preguntando que donde estaba y me resulta difícil explicárselo, no vaya a ser que un día no lejano, en un intento de emularme, quieran bajar ellos también a lo profundo y a lo oscuro. “Dice la yaya que si quieres dos guebos fritos o lo que ha sobrado del mediodía” “Casi mejor los guebos con un poco de jamón ¿y vosotros?” Nosotros lo mismo que tú.

Abro la cancela que gruñe como un despertar de siesta y veo una nube de mosquitos que rodean la luz de la entrada que se me antoja el fanal de los pesqueros en las noches sin luna. Aun me da tiempo a respirar fuerte con los críos cada uno bajo un brazo que se me acurrucan buscando el calor o el cariño. “Anda llama a tu mujer, me dice mi suegra, que te han llamado del trabajo para no sé qué y dile que mejor que venga el viernes no le vaya a dar por venir mañana por la noche”.

Cierro la puerta y dejo fuera al día que queda ladrando en el porche como los perros hambrientos.

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lunes, 4 de agosto de 2014

El síndrome del superviviente

Poco me apetece escribir, la verdad, pero me niego a dejar el escaparate veraniego con un post frívolo sobre el Zaragoza después de lo del otro día. Me niego a dejarlo con pinta de gracieta en tanatorio, de show must go on, de borrón y cuenta nueva; me niego a ser uno de esos personajes odiosos de mis cuentos que saltan por encima de las cabezas de los cadáveres para no mancharse sus zapatos de Chanel. “Da gracias a dios de que todavía tengas la dignidad para que te duela y que la vida no te sea indiferente” me recordaba el viernes mi amigo N cuando le dije, con un nudo en la garganta, lo que había pasado.
Ya, ya lo sé, ya sé que es consecuencia de mi formación cristiana y mis creencias catoliconas pero no puedo dejar de sentir un regusto de culpa. Nunca me he conformado con la excusa de la obediencia debida, ni con la resignación de que no podía haber sido de otra forma, y además sí que podía haber sido. Y aunque por suerte en nada participé, no puedo dejar de sentirme culpable por omisión, culpable de haber guardado silencio, de no haber gritado más alto hace años ante las personas precisas; culpable de no haber dado un paso adelante, bueno, más adelante, de lo que lo he dado.
Miro las ascuas y los escombros y pienso en todo en lo que hemos fallado, por qué se abrieron grietas en las paredes maestras, quienes vendieron los forjados y jácenas por ganarse unos cuantos euros de más, por qué no había cimientos cuando vino el vendaval. Sin embargo lo fácil es echarle la culpa al que lleva la piqueta como si el que ha tenido que hacer el derribo, fuera el causante de la amenaza de ruina que hemos escondido con indiferencia durante años.
Quizá sea el “síndrome del superviviente” que se echa la culpa a sí mismo por haberse salvado de la riada cuando ve los cadáveres de sus amigos esparcidos por los ribazos. Pero prefiero tener el “síndrome del superviviente” que echar la culpa al muerto o a la mala suerte o a la caída de Lehman Brothers como método sádico de autoengaño mental que esconde la puta desidia.
No puedo soportar a la amiguita del niño del traja de rayas, al padre de blancanieves, a las señoronas que reclaman su chaqueta loewe perdida tras un naufragio en el que ha habido siete muertos. “ya no podemos hacer nada por ellos, la vida sigue adelante” dicen justificando su hijoputez. Y en esos momentos les miro con odio, bueno mejor dicho, lo que hago es bajar la cabeza en silencio y lo que miro es con miedo mi traje de Bob Esponja que cubre mi AK47 aquella con la que en otros tiempos tiroteé, disfrazado con risa de fondo de mar, tanta reunión baldía y tanto salón de té.
Bueno disculpen ustedes el desahogo, disculpen los otros algunas tarrascadas del día a día, tampoco tengo en cuenta las que a mí me hicieron, para mí solo fueron lances del juego.

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