martes, 2 de agosto de 2016

El bar de las grandes esperanzas. Un libro de cuentos.

El bar de las grandes esperanzas se vende como novela pero es un libro de cuentos. Cada capitulo tiene estructura de cuento y desarrollo de cuento. Alguno de ellos sencillamente magníficos y en otros (los menos) la cosa decae. Es un libro de cuentos americanos escrito por americanos y prioritariamente para gente americana, perdón quiero decir estadounidense, perdón neoyorquina. Con continuas referencias a escritores, cantantes, ídolos made in usa de los que la gente que conozca obamilandia sacará mucho más partido, sin duda, que los que habitamos en las orillas del Ebro. ¿Cuánta gente conoce las reglas del béisbol? ¿Cuánta sabe cómo funciona el mundo de las apuestas? Y así montones de referencias al submundo y microclima eeuu.

Y con esta introducción pensareis que no me ha gustado. Todo lo contrario, el libro es una delicia. Es un libro de recuerdos de infancia y juventud. Aquellos maravillosos años con su voz en off y su McKellar en el recuerdo puffffffff El libro evoca con una escritura cuidada (y una traducción más que digna de Juanjo Estrella) la vida y los recuerdos del escritor. Todos los recuerdos conducen al Publicans el bar que sirve de nexo entre las historias.
Es cierto que en algunos momentos pierde linealidad y estructura. Pierde el guión ordenado a favor de los sentimientos que se le agolpan. Pero creo que es y debe ser así. Los recuerdos saltan por capítulos, por episodios, como si fueran cuentos que relatan etapas. No todas las etapas, sino solo aquellas que se le quedaron con mayor fuerza en el recuerdo… y claro a veces se le quedaron chorradas y el autor nos premia, digo castiga, con partes del libro perfectamente prescindibles para nosotros, pero que deben de ser importantes para él.
El relato es fluido, entretenido, entreverado con reflexiones sobre la vida y pensamientos de lo que uno quería ser y en lo que, más mal que bien, ha terminado siendo. Representaciones de personas que fueron referentes en nuestra adolescencia y nos acompañan toda la vida. El libro las agranda o las encoje a gusto y a ratos. El sexo iniciático desde la lejanía, el desamor, el futuro prometido (falsamente) tras el título universitario, los primeros trabajos…
Y sí, alcohol, mucho alcohol, todo el alcohol. Hay cuentos que el alcohol es ensalzado, en otros mostrado con su máxima crudeza y sus efectos destructivos, pero todo el libro esta bañado de alcohol. La familia bañada en alcohol, sus amigos del bar, sus resacas contadas con pelos y señales, todo.
El libro aun siendo divertido, deja un poso de tristeza. Como si uno hubiera dado mucha importancia a personas que tras unos años terminan escapándose indefectiblemente de la memoria. Recuerdos importantes que luego se van entre los recovecos de nuestros nuevos problemas como si jamás hubieran existido. El bar de las grandes esperanzas es eso, una reivindicación de nuestros héroes infantiles, no héroes de capa y espada, sino héroes cotidianos, nuestros tíos, vecinos, primos.... Pequeños retazos de esa gente admirada de nuestra juventud, gente normal: compañeros de clase, anécdotas que nos marcan y merecen un subrayado a la edad tardía.
Quede claro, que no son ese tipo de cuentos americanos, ahora tan ensalzados, que ni empiezan ni terminan tipo Carver o Lucia Berlín. Aquí son historias completas, muchas redondas, algunas sensacionales, unas pocas cansinas, pero a fin de cuentas historias entretenidas y bien relatadas. Un muy buen libro si lo pasas por el tamiz de las americanadas que separa el grano gordo de la escritura fina.

PS-.Eso si el libro es tan americano que cae en un defecto típico que me saca de mis casillas. Lo del epiloguito contando que ha sido después de la vida de los personajes. Por favor ahórrenselo, no aporta.

martes, 19 de julio de 2016

Lorenzo Silva Donde los escorpiones. Opinión y crítica. La función del epílogo.

Si la novela Donde los escorpiones de Lorenzo Silva tuviera solo dos capítulos: el primero y el epilogo ya merecería la pena leerla. Lorenzo  Silva ha pasado de ser un estupendo narrador a ser un gran escritor, que parece lo mismo pero no lo es. Un buen escritor a mi manera de entender las cosas, es aquel del que disfrutas leyendo escriba de lo que escriba: por el ritmo, por el tratamiento orfebre de las palabras, por acertar con el adjetivo que marida con el nombre perfecto; por estirar el significado a los verbos hasta el límite de lo posible y construir personajes y espacios propios con palabras. En esto de las policiacas, para mi Garcia Pavón es el ejemplo de escritor y Lorenzo Silva pide en estos dos capítulos el visado preferente para entrar en ese club de privilegiados.


En estos dos capitulos se describe con maestría el submundo de la droga en Madrid, la cañada real, el sentimiento de vergüenza admitida que se encuentra cuando ya te crees por encima de todo y metes la pata. El dialogo y el aprecio entre dos polis viejos. La descripción de un submundo acuartelado a tres paradas de metro del centro. Un espacio que a modo de burbuja vive aislado del entorno La casa cuartel en medio del pais vasco de los ochenta, la base militar en el centro de Afganistán, el barrio residual.

Y en ese submundo, en ese lumpen madrileño, en esas burbujas de pobreza en medio de la opulencia, rigen normas propias, jerarquías locales, personajes grandes y respetados como la Jessica sin más galón que su propio prestigio, nada menos. Por eso, las afrentas que más allá de sus lindes quedarían en mera controversia, dentro de este microcosmos se agigantan y son causa de reto a muerte. Y es que, hay que saberlo, en las zonas límites no se reta a primera sangre, sino a muerte. A la puta se le puede follar pero no se le puede humillar, si te dice que no le des pol culo, no le des, puedes pactar unas cachetadas pero si le das una hostia te ubicas fuera del contrato y en el plano de la humillación. Y hay personas que eso no lo saben y así les va.

También habla de ese momento, justo al otro lado del meridiano, en el que uno deja de tener como objetivo cambiar el mundo y tan solo ansía quedar en paz con su conciencia resolviendo sus obligaciones de cada día. Solucionar los problemas cercanos y dejar para los sueños la revolución pendiente. Os creéis que arregláis algo, no tenéis ni puta idea. Les dice la Jessica. Os empeñais en querer arar el mar.

Lorenzo Silva habla también de vidas malgastadas en la espera, de las vidas erradas que decía el maestro Castilla del Pino, de los tiempos vacíos entre las batallas, de las milis de tres años sin guerra. En los padres jubilados en el coche que aguardan silenciosos y a la espera la llegada de su hijo a caballo o en camello por el Gallinero de la droga. Giovanni Drogo y Kavafis jugando a cartas mientras llegan los barbaros que den sentido y razón de ser a su vigilancia armada. ¿Quiénes son los bárbaros los invasores o los invadidos? El aburrimiento del entretiempo, el ocio folloso en Herat, la partida media entre la apertura y el inicio de la batalla que llevará al jaque mate.

Y para rematar una cita de extremoduro, mejor de Robe Iniesta, uno de los filosofos contemporáneos más brillantes de este pais. Que grandisimo el ultimo disco en solitario: Yo que pensaba, yo que creía firmemente en el amor, hoy ya sé que no. Que ya no importa y que a la vida hay que buscarle otra razón, y busco en los colores del atardecer y no la encuentro. No es esta cita es otra de la misma canción  pero esta me golpea con la crueldad de lo real.

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-          Oye, por cierto, nos hablas de dos capítulos magistrales ¿y el resto del libro?

Pues el resto del libro entra en la mediocridad. Muy por debajo de la Marca del meridiano y Los cuerpos extraños por citar dos de los últimos buenos libros de Vila, perdón quiero decir de Silva. Sin embargo el envoltorio (los dos capítulos a los que me he referido) da todo el sentido a un caramelo jauto. “Donde los escorpiones” tiene razón de ser porque se prologa y se epiloga con la maestría de dar sentido al sinsentido con una literatura de primer nivel.

No sé en el tuyo, subteniente, pero en mi mundo no hacen falta muchos motivos. A veces las cosas pasan sin más.

Es como cuando ves una peli, te parece una sosada, y tienes un amigo cinéfilo que te la cuenta dando profundidad a lo superficial y terminas preguntándote si el valor esta en la película o en tu amigo, que ha utilizado la peli para contarte estupendamente algo en lo que el director ni se paró a pensar.

Vamos a ver:

1-. Puedo comprender que Lorenzo Silva se haya convertido en el cronista y defensor  de la guardia civil, a mucho orgullo por su parte. Pero debe entender que aunque a él le guste mucho encandilarse páginas y páginas con interioridades de la benemerita a los demás se nos hace un poquico pesado. El relato pierde frescura con un abuso de las páginas publicitarias sobre la guardia civil. Alguna vez creo que debería poner una R de esas que ponen en los periódicos para identificar la publicidad. Es como de Prada que hable de lo que hable siempre habla del vaticano.

2-.”Donde los escorpiones” entrará en los manuales de policiaca como ejemplo de Macguffin. El autor nos entretiene aquí y allí contando cosas que no llevan a ninguna parte y que nada aportan a la trama. La historia, de por si, tarda 140 páginas en llegar a lo interesante y cuando llega a lo interesante, que además luego es esencial para el  desenlace, se lo quita sin embargo de un plumazo sin a penas profundidad.

3-. Pasa, ya hemos terminado- le dijo garcia y se volvió al teniente: llévalo si quieres a hablar con el sargento Bernabé.
 Si te parece mi comandante, yo me retiro_dijo Pardo. Creo que es mejor que el subteniente esté a solas con el sargento.

Será porque uno es objetor y no está familiarizado con la nomenclatura castrense, pero me he hecho un lío de tomo y lomo durante todo el libro sobre quien en quien por esa manía de identificarlos con el rango y no con el nombre. Abusa de ello, sin más.
Vila cae en un error, a mi entender, que es de primero de policiaca, que es el no definir claramente los rasgos de los personajes para que el lector se aclare cuando se desarrolla la trama. Y es un error en el que nunca cae Silva, quien en sus novelas siempre pinta con rasgos definidos e identifica muy bien a cada uno. Aquí no, hay veces que como en el parrafo que pongo todo termina siendo un galimatías de comandantes, tenientes, brigadas y cabos sin saber quien es quien.

4-. En algunas partes me ha recordado españoles por el mundo. El escritor estuvo allí y lo quiere contar. Perfecto. Que haga un libro de viajes y como Silva escribe de puta madre y está un rato leído pues nos detalla lo que es Afganistan, su historia y pobladores y le aplaudimos y ya está. Pero esto es una novela policiaca y tiene que tener ritmo. Está muy bien lo del libro ese de los rusos y además luego es útil para explicar el cuento del escorpión que da nombre y razón a la novela pero muchos otros detalles están de más y suenan más a reportaje “Mi vida en Herat” que a nuestros amigos Vila y Chamorro.

5-. No sé si os acordáis esas películas de los cincuenta en los que “echaban un coito” y luego la señora se envuelve en la sabana porque no quieren enseñar las tetas. Pues hay una parte del libro que juega a eso. Si estamos hablando de cosas truculentas de carácter sexual, y que además son importantes, hay que contarlas con pelos y señales. No se puede pasar por encima envuelto en la sábana para hacer la peli de todos los públicos.

6-.Entramos en mis filias y fobias. No entiendo el ensalzamiento del niño Arnau, que me cae de culo, porque quien verdaderamente tiene una actuación genial consiguiendo la clave del movil del muerto es Inés Salgado. Cada vez me cae mejor esta tipa, incluso a ratos mejor que la Chamorro que se nos está convirtiendo en una cuarentona casacarrabias que ya no puede soportar más estar con Vila sin que le dé “un apretujón” de una puta vez. Yo creo que Virgi le dirá a Silva: o me dejas echar un casquete al subteniente en el próximo libro o me largo y que sea protagonista tu prima. Y después es pasion lo que tengo por Lopez, yo creo que se merece un spin off. Con que señorío le echa la bronca a Vila, con que tacto trata a Jesssica… Me parece un personaje por explotar.

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Hasta aquí la parte de despelleje (creo que merecida) y enchufo de nuevo la admiración que siento por la saga y su autor. Hasta para contar mal hace falta escribir bien. Y Lorenzo Silva ha pasado al rango de escritor con mayúsculas. Escribe muy bien y creo que cada vez mejor, con mucho de poeta agazapado tras el novelista.
Además es un autor profundamente ordenado. En este libro quiere contar lo de los barbaros, las grietas, la fabula del escorpión, el momento predivorcio, el micromundo que se genera en los acuertelamientos, Afganistán y su historia, el honor y la humillación, los efectos psicologicos de la situación ridicula de las guerras sin guerra; el papel de la mujer y su maltrato de distintas formas según las culturas (también la nuestra), quiere contar la espera a que vengan los barbaros.
Y todo esto que podía generar un galimatías resulta sin embargo perfectamnete ordenado, las referencias a Buzzati, como lo enlaza con la vida y expectativas de los militares, las frases de extremoduro y bebe , los personajes que entran y salen aportando las piezas del puzle que faltan. Y todo esto, además, recobra su sentido en el epilogo final que da una compostura de historia dentro de la historia. Pero no nos equivoquemos lo de Herat es la fabula que explica lo de la Cañada real no al revés. Lo importante es el primer capitulo y el epilogo, lo del medio es solo una fábula para contarlo.
Por eso digo que el caramelo se revaloriza por el envoltorio. La anécdota toma sustantivo en el marco del mensaje filosófico y psicologico que siempre tienen las novelas de Silva. Sobre todo ese detallar genialmente la madurez del hombre y su paso del meridiano, esa suerte de punto medio entre el desencanto por los viejos ideales no alcanzados y el reencuentro con la vida en el último tercio a la que se quiere dar sentido con el cumplimiento de las obligaciones de cada día. La satisfacción de lo cotidiano aunque sepamos que no podemos arar el mar. 

Compradlo y leedlo. 


Añado cruce de tweets con L. Silva que indistintamente de si le pongo bien o mal es de agradecer que siempre contesta a este humilde pasapáginas. La verdad es que es alucinante la cantidad de visitas que tienen los post de los libros de Vila y Chamorro.


































Añado también cruce de tweets sobre mi reivindicación de dedicarle más protagonismo a Lopez. Cuestión que es apoyada como veis por otros lectores y no solo es ua ocurrencia mia.















lunes, 20 de junio de 2016

El secadero de iguanas Pedro Andreu Opinión sin aliento.

¿Queréis saber de qué va este excelente libro de Pedro Andreu? Nada, tranquilos, yo os lo cuento:

El libro va de lo nomada y lo peremne. Del tiempo que no pasa. Una carretera y un motel. Un secadero de lagartos al sol. Un Benares reptil a donde se va a morir.Un erial olvidado donde se va a nacer. Una borrachera sorda y sensual de orgasmos y silencios. El sol seco, la tormenta de arena. Preferir el arte de la musica al dinero caduco;el recuerdo inservible como los muertos hediondos q desecan en el bar abandonado. Alcohol viejo, masturbaciones al sol, sexo humedo, sudoroso, incestuoso. El coño adolescente sediento de ansiedad y tierra. El fuego q todo lo quema, el vacio que yere. Pedro Paramo y su puta madre. Hijo de la luna y de los tres soles, el salto mortal de ir viviendo en el trapecio de cada dia,otro dia, todos los dias. El estrepito de los cuerpos contra el suelo al caer, la quietud de los lagartos bajo el sol de agosto. Y buscar al otro, a cualquiera, aunque solo sea para follar como perros. Los años que van pasando sin quitar el cartel de cerrado por defuncion. Un retronasal al Montero Glez de cuando la noche obliga, al knockemstiff de ray pollock, a la puta madre de Rulfo y sus muertos que vienen y van (esto ya lo he dicho).Y los libros que arden a cuatrocientos cincuenta y un grados, mientras se escuchan las cabezas de los muertos golpeando los peldaños y los jadeos de jovenes al desvirgar. El libro que se escribe a si mismo como en la novela de marta fernandez. La carcel a donde va y de donde viene la gente. La casa de donde se quiere y no se quiere escapar. La soledad, mucha soledad, toda la soledad. La busqueda alocada de seres humanos en el erial de los pueblos deshabitados, osea como nosotros cada día. La busqueda infructuosa de la esencia que soy cuando ya no soy nada. La muerte al otro lado de la carretera. La carretera sin destino. La malaventura, la cruz de navajas, el suicidio por agotamiento. El hedor a muerto, los gallinazos que cohabitan con la casa como en el inicio del otoño del patriarca pero incapaces aqui, de remover con sus alas el tiempo estancado en el interior; porque el tiempo pasa, bueno más bien el tiempo se cae, como van cayendo las frases de una poesía genial que abre en canal, que destroza y esparce los sesos como un tiro a quemarropa, la poesía de Pedro Andreu nada menos. Y ahora si teneis guebos os leeis el libro.

Actualización: Disculpad la inmodestia pero ya sabeis que esto de que me contesten los escritores aludidos por mis posts me hace ilusión. 

miércoles, 15 de junio de 2016

¿En qué se diferencia el chopped de la mortadela?

Ya sé que os parecerá una tontería. Pero imaginaros a su madre, o a la doméstica del hogar, que para el caso es lo mismo (a las dos se tiraba su padre). Imaginaros, decía, a la buena señora preparando con amor el bocadillo de mortadela para su hijo. En esto de los bocadillos matutinos la vida ha cambiado una barbaridad. En mi infancia solo había dos posibilidades o eres de los que en tu casa bajaban a por el pan o te comes en el recreo de las once una piedra con mortadela en medio. Y hablando de disyuntivas ¿Cuál es la diferencia entre la mortadela y el chopped? No hablo de la mortadela boloñesa, sino de la nuestra la de aceitunas de toda la vida. Nadie lo sabe, ni la Wikipedia, porque son cosas importantes y esas cosas no salen en Internet. Volvamos a lo que estamos: la señora prepara a su hijo el bocadillo y lo mete en la mochila junto al libro de sociales y la caja de grafos del 2 y del 4 ¿existen todavía los grafos? Tampoco lo sé y lo busco en Wikipedia y me salen dibujicos de pelotas y rayas enlazados como los de Duncan Watts en sus seis grados de separación ¿Porqué me compraría ese libro? todos estamos separados por seis grados de relación. El mundo es un pañuelo. Yo rompía la punta de los grafos, como rompo las plumas, por eso no las utilizo y las dejo en un bote sin usar. Cambiar la tinta es un engorro y te manchas la mano, y te manchas la camisa y manchas las páginas de los libros, porque los grafos si se llevan sueltos en la mochila manchan los libros y los bocadillos de mortadela que a veces están envueltos en albal y a veces en una bolsa con una servilleta dentro. Cuando nuestro amigo llegaba a la parada los del otro octavo le miraban de reojo Tenía el típico cuello para dar collejas, no es que yo sea un violento pero hay cuellos que hay que collejearlos si o si. No lo hacían, claro, porque estaba su madre en la parada y le acompañó hasta muy mayor. Las paradas de autobuses de entonces servían para que los padres miraran a las madres con deseo como en las películas de destape del cine del barrio; sí, como en esas que tapaban los pezones con estrellas en los carteles, no sé ahora si se seguirá haciendo (lo de los padres,digo, no lo de las estrellas en los pezones). Cuando subía al autobús, al mínimo descuido, colleja que se llevaba. Y él los miraba como miran los polis: con profundidad, quedándose con sus rasgos, sin moverse, luego veréis porque os lo digo. Su amigo Marcos Martinez no podía defenderle porque él iba en el 4 y nuestro amigo en el 3; pero lo cierto es que aunque hubiera ido en el 3 tampoco le hubiera podido defender. En clase se sentaba en el final a la derecha. No en el de los gamberros sino en el de los invisibles y lentos, allí donde nunca llega la pelota en el beisbol, el right field que cantaba Peter, Paul and Mary. A mi me gusta peter, paul and mary. A nuestro amigo le dio por seguir el béisbol, porque en su casa no le compraban el Gigantes y entonces no se enteraba si tenía que ir con los Bulls o con los Lakers. La verdad es que nunca se enteró mucho del beisbol, mirad en interenet y ya veréis lo difícil que es enterarse, si uno tiene que ser de los Mets o de los Yankees. En el recreo los de octavo B del autobús se aproximaban a él. No un día por casualidad, sino todos y cada uno de los días de octavo, le daban un par de collejas y de un manotazo le arrancaban el mendrugo duro de pan con mortadela manchado de tinta y se lo tiraban al charco. Luego se iban a jugar al futbol riéndose de él. Nunca se chivó, pero les dejaba su mirada clavada como una fotografía indeleble. Ayer me encontraba yo sentado en mi oficina, y pensaba en esto. Mi mesa está al fondo a la derecha de un gran despacho con cristaleras. Siempre tengo folios manchados de tinta en la mesa y un bote con plumas que no uso, delante de mi cartel de director general. También tengo la foto de mi madre, la de mi padre no. Entró Martinez y detrás el candidato para el puesto de la recepción. Creo que era amigo de Marcos y según me había dicho lo estaba pasando muy mal porque le acababan de desahuciar y su hija estaba pillada por la droga. Le miré fija y serenamente como se miran los albumes de fotografías antiguas, tendría mi edad, le saludé amablemente como si le conociera de hace años y le comenté si le molestaba que pusiera una música de Peter paul and mary. La escuchamos y justo cuando dice eso de “They point at the sky and I look up above and a baseball falls into my glove”, justo en ese momento, saqué mi bocadillo de chopped y me lo puse a comer. ¿No sabrá Vd por casualidad la diferencia entre el chopped y la mortadela? le pregunté al individuo mientras lo repasaba serenamente y con una sonrisa en los labios como cuando se ve una foto antigua de algiuen conocido. El miró mi bocadillo reseco como con ganas de darle un manotazo, no lo hizo, claro. Y en qué se diferencia la ¿Liga mundial de la liga americana de béisbol? llevo tiempo mirándolo en la Wikipedia y no lo entiendo, es que las cosas importantes no salen en Internet. Estuvimos hablando un rato, luego nos levantamos y nos despedimos con amabilidad. Incluso, recuerdo, le di un golpecito cariñoso en su cuello pelado Mañana te contesto de lo del trabajo, le dije.

jueves, 2 de junio de 2016

Fomentar el espíritu emprendedor en la infancia

Vagaba y vagueaba hace unos dias por el paseo maritimo de ese pueblo del que decía Marsé que era un vertedero de zaragozanos adiposos jugando a petanca, cuando me tope con unos pobres niños ricos vendiendo pulseras a un euro. No eran manteros de color, gitanas echando la buenaventura o perroflautas cambiando artesanias por un duro de revolución. Eran niños ricos, digamos acomodados por no faltar, que invertían su tarde preadolescente en lograr unos chavos como incubadora emprendedora vendiendo sus manufacturas a los aborigenes del lugar.
Puse el grito en el cielo y mis manos en la cabeza pensando que iba lograr el asentimiento de mis compañeros de holganza; cuando, lejos de la felicitación ante tan evidente desmán, obtuve la más energica reprobación ante mi talante contrario al fomento del espiritu emprendedor en la infancia. 
Y uno, que ya anda un tanto saturado de esoterismos emprendedores y bombillas iluminadas, puse mis entendederas a funcionar debatiendo conmigo mismo sobre si fomentar que los niños desarrollen "inciativas micromercantiles informales" era una buena manera de generar una sociedad emprendedora de mañana.
Y ya saben ustedes, fieles lectores de esta borrachera de frases que constituye este blog, que a veces la poesía es la más bella de las artes y otra el refugio y escusa de escritores vagos. Y siendo esta segunda alternativa la más plausible descripción que me define, opte por exteriorizar mis esguinces de magin en los versos que siguen:

Los niños no deben aprender 
a montarse empresas, sino a romper cristales
a chutar balones, a molestar a viejas
a creerse piratas y vestirse de princesas
a disfrutar mucho, a soñar mucho
a imaginar e imaginarse mucho.

Los adolescentes no deben aprender
a montarse empresas, sino a meterse mano
sin decoro, a buscar la mirada
del chico que desean,
a soportar los complejos que les hunden
a no ser protagonistas, a tener referentes;
a frustrarse, a aburrirse, a triunfar a veces (pocas veces)
a leer, a leer mucho, a segir leyendo
a escribir versos de (des) amor
para (des) ordenar las ideas y el caos de sentimientos 
que es ir viviendo.

Porque si imaginas, si sueñas
si te frustras y disfrutas 
si te ordenas, 
si tienes referentes
si lees y te escribes
si empatizas
con el otro
al final creo que sabrás montar empresas.

jueves, 26 de mayo de 2016

Alicia Gimenez Bartlett Hombres desnudos opinión y crítica. Buen Libro

Quizás se han empeñado en vendernos En la orilla de Chirbes como el gran libro de la crisis, pero para mi era tan evidente que me resultó cansino, tan incisivo que derivaba en lo reiterativo y tan parcial que se hacia monotemático. Porque al final, la crisis no es que todo sea una mierda sino que la mierda solo les cae a unos cuantos en la cabeza, mientras que a otros nunca les llega y se siguen comprando condones fucsia de Chanel y visten a su perrita de Dior. Y la crisis se define por la diferencia y porque al final a unos siempre les sale cara y a otros siempre les sale cruz... hasta que nos damos cuenta, joder, de que su moneda siempre tiene dos caras y la nuestra siempre dos cruces. Y de eso va el excelente Planeta (disculpen el oximoron) escrito por Gimenez Bartlett. De eso va Hombres desnudos.

No sé si recordareis al Pijoaparte y ese devenir entre la sirvienta Maruja y la señorita Teresa; No sé si recordais a mi amigo el Charolito hijo putativo de Montero Glez, si hombre si, ese que solo se fiaba de su polla porque era lo único en el mundo que jamás le daría por el culo. Pues el Ivan tiene mucho de ellos, pero tiene mucho más. Sabe quien es, cuales son las reglas del juego y nunca se cree algo distinto de lo que el destino le ha dado. Ahora bien, eso que le ha dado lo explota al máximo y a lo bestia. En su mismo nivel está Genoveva alguien de la otra orilla, de la de los ricos, de los pijos, que también saben quienes son y lo que quieren, parece distinta, pero para mi es tan honrada, tan hijoputamente honrada como el Ivan. Justo lo contrario que Javier e Irene tan educados, tan suaves que repelen... ricos que quieren jugar a pobres; pobres que quieren jugar a ricos que para el caso es lo mismo.

Y os preguntareis y ¿por qué sabes todo esto?. Porque Hombres desnudos podría titularse hombres (y mujeres) transparentes. Me explico: Gimenez Bartlett apuesta por un juego magistral de las voces de la novela. El narrador es cada uno de los personajes en primera persona; como si todos ellos fueran traslucidos y todos contaran la película desde su punto de vista dejando ver lo que sienten en cada frase. Hacer esto con la genialidad estilística que lo hace Gimenez Bartlett ya merecería mi admiración y sería más que suficiente para leer el libro.

No vamos a descubrir ahora a Alicia Gimenez Bartlett. La creadora de Petra Delicado. Y lo buenísima escritora que es. Tiene ese estilo de frases cortas que imprime velocidad y ritmo a lo que cuenta. Juega con un circo a cuatro pistas que hace que cuando estás entusiasmado con un personaje, te cambie de canal y te pase al otro y estés deseando terminar éste para retomar al anterior y así sucesivamente (truquitos de las policacas). Yo me lo lei de un trago, en sesiones de hasta cien páginas. No digo más.

Y como dirían en los avisos mojigatos de la tele “Este libro contiene sexo explícito” que parece que no pero también le da su punto a la cosa. Hay sexo, mucho sexo. No es un sexo pornografico guarro, sino más bien una película de Erika Lust. Ya sé que aquí mis adorados lectores/as discrepáis sobre si es acertado la denominación de “porno femenino” a lo que hace Erika Lust, pero al menos lo pretende que es lo mismo que pretende (yo creo que con más éxito que Lust) las personajes de Hombres desnudos.

Como crítica decir que es bastante previsible y que en algunos momentos entra en bucle reiterando cosas que ya están claras, contando una y otra vez lo mismo y lo que piensan de lo mismo. A mi entender le sobran páginas y sobre todo en mi opinión les sobran las cincuenta últimas. Yo hubiera dejado a  Irene bañándose en la fuente y fin (tranquis no es spoiler). Pero esto de los finales es un poco para gustos y como buena escritora de policíacas a Alicia Gimenez les gusta más jugar con los finales que a un tonto un lápiz.

Leérosla sin duda. Lo de menos es el argumento, lo de más como se ve la crisis desde cada lado, desde cada orilla, no En la Orilla.

PS-. La foto del David la he hecho yo, a mi me encata, modestia aparte. Pero esa será otra historia y otro viaje.

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